jueves, 3 de mayo de 2018

Somos sobre todo madera seca


Lectio Divina:
“ (… el cordero) lo ofrecerás con la misma oblación y libación (…) como sacrificio por el fuego de calmante aroma para Yavé.” Num 28, 8b

Los capítulos 28 y 29 de Números hablan de sacrificios, los cotidianos y los de días especiales. Un sacrificio de fuego en el que se quema hasta consumirse la parte correspondiente a Dios y se derrama como parte del sacrificio el líquido o aceite, ambos aromas suben al cielo y agradan a Dios.

Por su cuenta, Jordan Peterson, admirable psicólogo clínico, nos explica la importancia de “dejar quemar nuestra madera seca”. Entendiendo por “madera seca” todo aquello, en especial nuestro discurso, nuestro “logos” (que a mi entender es mucho más que sólo palabras en tanto que nos define), que no es “verdad” y que por lo tanto no permite que nuestros actos estén “alineados” con nuestro pensamiento y espíritu. Lo explico con mis propias palabras, pero hay dos vídeos relativamente cortos porque son extractos de conferencias mucho más largas, que lo explican mejor (dejo los links abajo). 

El caso es que el sacrificio correcto implica “dejar que nuestras insuficiencias se quemen como madera seca.”  Explicado de otra forma: ser crítico contigo mismo, no para juzgarte, sino para “eliminar” todo aquello que te estorba y no te permite ser un ser humano íntegro. 

El sacrificio es un proceso doloroso, pero necesario. Y es mucho más que tener “fuerza de voluntad”. De hecho, a mi entender, implica dejar de ejercer “fuerza en la voluntad”, y simplemente aprender a “observarnos” a nosotros mismos; reconocer aquellos momentos en que perdemos o ganamos fuerza y valor, qué es lo que hacemos para perderla o ganarla, verificar si aquello que estamos haciendo nos alinea o divide, si estoy siendo congruente o no. El sólo hecho de observarnos lo más claramente posible, nos permite reconocer lo que necesitamos cambiar y nos da claridad en cuanto a qué necesitamos hacer para encaminar nuestros pasos hacia una versión más entera de nosotros mismos. Ojo, he dicho “más entera”, no mejor, sobre todo no en el sentido en que muchos entienden por “mejor”, pues en este mundo materialista, “lo mejor” suele estar ligado a conceptos mucho más superficiales que profundos. Así, por ejemplo, buscamos bajar de peso para vernos bien, pero no terminamos de reconocer las necesidades profundas que nos llevan a buscar consuelo en el comer en exceso. El deseo de comer siempre será mayor y vencerlo siempre será imposible. Es así porque nunca saciaremos la verdadera necesidad, y, por lo tanto, nunca encontraremos la verdadera motivación. 

Señor, en el nombre de Jesucristo, amor verdadero, valor absoluto, y sacrificio total, permítenos buscar la santidad de nuestro Padre, es decir, convertirnos en verdadera imagen de Tu Espíritu de Verdad, de modo que le demos congruencia a nuestro existir, y seamos uno contigo y tu Iglesia, Asamblea de Santos, Cuerpo Místico, Amor en Comunión.  

Jordan Peterson: You are mostly dead wood / Eres sobre todo madera seca




Jordan Peterson - Let Your Insufficiencies Burn Off Like Deadwood / Deja que tus insuficiencia se quemen como madera seca



domingo, 29 de abril de 2018

El que haya sido mordido


Lectio Divina: 
Entonces Dios mandó contra el pueblo serpientes-ardientes. Muchos de los Israelitas murieron por sus mordeduras. El pueblo fue a ver a Moisés y le dijo: ‘Hemos pecado, hemos murmurado contra Yavé y contra ti. Ruega a Yavé por nosotros, para que aleje de nosotros las serpientes’. Moisés oró por el pueblo, y Yavé le dijo a Moisés: "Hazte una serpiente-ardiente y colócala en un poste. El que haya sido mordido, al verla, sanará.’” Num 21, 6-8
Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna.” Jn 3, 14

El veneno del pecado, del dolor injustamente y justamente sufrido, del juicio, del murmurar, de la traición, la desesperanza, en fin, el veneno mata nuestra alma, nos hace insensibles al dolor que también somos capaces de provocar. Nos coloca en la silla de la justificación de nuestros actos. Nos da la ilusión de que tenemos “derecho” a nuestra dosis de indiferencia hacia los demás. Nos dice que “no es personal”, simplemente así son las cosas. “¿Cómo? ¿Te dolió, te lastimé? Oh, bueno, no lo tomes tan a pecho, la vida es así.”

¿Cómo, pues, nos podemos librar de ese veneno? Porque finalmente está ahí, no porque seamos “malos”, sino porque hemos sido mordidos por el dolor de otros, por el veneno de otros, por la indiferencia y la crueldad de otros. 

Nos salvamos “contemplando” la serpiente que lo provocó. En estos versículos, en especial Juan 3, 14, podemos ver que la Cruz de Cristo es el resultado de todo ese veneno. Si hemos de evitar sacrificar a otros, necesitamos “ver”, tomar conciencia de la manera en que es posible lastimar a otros, lo vulnerable que somos todos, para actuar de tal modo que no lastimemos a los demás, no terminemos cargando nuestra responsabilidad en ellos. Porque finalmente, somos nosotros los que debemos ser conscientes de que nuestros actos siempre, siempre, siempre, van a afectar a otro. Nuestros actos son nuestra responsabilidad. Ese otro es una “persona” y si le afecta, no podemos pretender que “no lo tome personal”. Somos responsables nosotros de que nuestros actos se encaminen a “alentar” al otro, no a aplastarlo, regañarlo, lastimarlo, ofenderlo, destruirlo, eliminarlo, marginarlo, exigirle lo que no podemos ni queremos darle: respeto, dignidad, amor, tolerancia, paciencia, gentileza, amabilidad, solicitud, reconocimiento.

Danos, mi Bien, la capacidad de entregarnos a la contemplación de tu Cruz y del veneno que la generó, de forma tal que no podamos más que ser conscientes del daño que podemos hacer, y de la importancia de evitar ser también serpientes que están tan llenos de odio que no podemos más que hacer el mal. Que Tu perdón sea el bálsamo que cure nuestras heridas, y que tu amor sea la venda que las protege, de tal forma que sepamos también dar bálsamo y protección cuando otros lo requieran. Mas te pido también, que no nos dejes cerrar los ojos al daño que nos hacen bajo la consigna de que necesitamos ser sacrificados por nuestras culpas. Según comprendo, y es así como realmente lo creo, el saldo de nuestras culpas y nuestra maldad ya está cubierto. De modo que danos voz para levantarla frente a la injusticia y/o la venganza que otros quieren imponernos, y que nosotros también somos capaces de buscar imponer en los demás. Imposición a la que recurrimos con tal de no pagar el precio de “tomar conciencia”. No permitas nunca que nos escudemos en aquello de “así es la vida, no lo tomemos personal”. No mi Señor. ¡Es personal! Porque eres Tú quien vive en nosotros, y lo que hagamos al más pequeño de tus hijos, y lo que nos hagamos a nosotros mismos o permitamos que otros nos hagan, te lo hacemos a Ti. 

Bendito eres mi amado Jesucristo, por la transparencia con que nos enseñaste el camino. Que sepamos tener la voluntad de ver lo que tan doloroso fue enseñarnos. Amén.