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sábado, 5 de octubre de 2019

No hay paz sin justicia



Photo by NeONBRAND on Unsplash

“«Hagamos la paz con estos hombres, hagamos las paces con ellos y con todo su pueblo. Permitámosles que vivan según sus costumbres como antes, pues fue justamente a causa de esas costumbres, que nosotros suprimimos, que ellos se rebelaron y llegaron hasta esto.»” 1 Mac 6, 58 y 59

Pero resulta, que: “El rey y los generales se comprometieron bajo juramento y los sitiados salieron de la fortaleza. Pero cuando el rey entró en el cerro Sión y vio la inexpugnabilidad de esa plaza, faltó al juramento que había prestado y dio órdenes de destruir toda la muralla.” 1 Mac 6, 61 y 62

“No hay paz sin justicia ni justicia sin perdón.” Ese fue el mensaje de Juan Pablo II en el 2002, para la celebración de la XXXV Jornada Mundial de la Paz. (1)

Juan Pablo II, sin duda, tiene razón. El perdón es fundamental. Y, sin embargo, mi interés nunca ha sido solamente identificar lo que se necesita para lograr algo, sino cómo se obtiene eso que se necesita. Me explico. Muchas veces me han dicho cosas como: “tienes que ser feliz”, “tienes que perdonar”, “tienes que pensar positivo”, como si se tratara de elegir un vaso de agua de limón o de naranja. Sólo lo decides y ya.

Y quizá hay quienes así son: deciden ser felices y ¡ya! Mil felicidades si ese es tu caso. Pero yo… yo he necesitado encontrar estrategias, medios, terapias, ayudas, procesos que me lleven a transformar una idea debilitante –que tú llamarías negativa- a una verdad con sentido –que tú llamarías idea positiva, aunque quizá no… porque lo que yo defino como verdad con sentido no niega la negatividad de una realidad, sino le da dirección al trabajo y busca el fin posible, no la fantasía irreal, deseable y bonita.

Pero eso es largo de explicar. Lo que quiero  que decirte ya lo dijo mucho mejor y muy claramente Eulogio López, director de www.hispanidad.com, quien agregó una tercera afirmación: No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón, “y no hay perdón sin arrepentimiento”.

Les dejo al final de este texto el video para que escuchen de viva voz lo que Eulogio López nos explica, creo yo, tan acertadamente (dura 3 minutos): 

Perdonar a alguien no debe ni puede implicar que las cosas sigan igual. Si alguien te lastimó, es bueno perdonarles, pero no es bueno quedarte a que sigan lastimándote. Si esa persona no está arrepentida, no va a hacer nada por cambiar la situación y volverá a lastimarte una y otra y otra y otra vez.

A Jesús le preguntaron en una ocasión: ¿Cuántas veces debo perdonar? “Setenta veces siete”, aseguró (Mt 18,22). 

Pero esas 70 veces 7, son para ti, son para que tú perdones y para que alivies tu dolor. Es un trabajo que harás mucho en soledad, en la pena, en el llanto, en el desamparo. Ese perdón ayudará a tu transformación. Pero no es para que te quedes a que te sigan lastimando. ¿Me explico?

Cuando yo le pregunté a Jesús si debería regresar con personas que me han lastimado, lo imaginé verme a los ojos y decirme: 

“Amida, yo sólo me sacrifiqué una vez. No viví ese martirio 490 veces. Las 490 veces de mi perdón, y te aseguro que han sido muchísimas más, las vivo en el recuerdo de mi propio sufrimiento y la convicción de que no quiero que nadie pase por eso. Por eso lo viví yo, y por eso no busqué venganza ni que mis verdugos pasaran por lo mismo. Eso no implicó callar mi Espíritu, pero tampoco se trató de someterme a un sufrimiento eterno. Te pido que no vuelvas a someterte al dolor y mejor busques ayudar a otros a atravesar su propio sufrimiento. Ellos, quienes te ignoraron, te lastimaron, te hicieron a un lado, tendrán que arrepentirse para cambiar, pero no lo harán si tú te conviertes en su chivo expiatorio y les permites lavase las manos con tus debilidades y defectos una y otra y otra y otra vez. Y te aseguro esto: no están arrepentidos porque desde su visión: tú estás mal, sólo tú, nadie más que tú. Considera además que quien se ha arrepentido se acerca a ti y busca sanar la relación. Se muestra dispuesto/a a escuchar y modificar actitudes que los beneficie a ambos.  No hace falta que vayas a buscarle ni que lo/a intentes convencer de que vale la pena relacionarse de una manera diferente. Si tienes que rogar para que te ayuden, mejor busca ayuda en otro lado.”

Jesús, gracias por tus palabras, tu guía y tu ayuda. Bendito eres por siempre. Te amo.



(1) Juan Pablo II. (2002, enero 1). La Santa Sede. Vaticano. Juan Pablo II. Mensajes. Jornada de la paz. Tomado de: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/messages/peace/documents/hf_jp-ii_mes_20011211_xxxv-world-day-for-peace.html

(2) López, Eulogio. (2018, abril 13). No hay paz sin justicia ni justicia sin perdón. Hispanidad: Canal de Youtube. Tomado de:  https://www.youtube.com/watch?v=U5Nqu96IQCI

lunes, 12 de agosto de 2019

Como el primer día de Alberto Cortez


Ayer vi salir un arcoíris en mi corazón.
Apenas dibujado, apenas presente.
No voy a decir que me llené de alegría.
La realidad es que tuve miedo.
Le temo al arcoíris porque me pide amar.
Me dijo: Confía en tu corazón.
Y yo le respondí: Pues confío en el mío,
pero quién me asegura que puedo confiarlo a otros.

El arcoíris entonces me dijo: Dámelo a mí.
Y sin poder resistir su mirada
tomé mi corazón y se lo di.

Apenas lo tomó en sus manos
y mi corazón se llenó de colores.
Sentí, entonces, el sencillo amor
de “la expectativa de los logros nuevos”.
Ese amor que nos dice: quizá es posible. Quizá.
Y como el primer día, volví a enamorarme del amor.

Les comparto la canción: “Cómo el primer día” de Alberto Cortez.  




miércoles, 31 de julio de 2019

Estoy bien





Uno de los síntomas más claros de depresión es la desesperanza. Es también el más peligroso. Por eso empleo una muy buena cantidad de esfuerzo en darle sentido a las cosas, en encontrarle sentido al mundo a través de historias, poemas, música, ensayos, y muchos de ellos los interpreto a partir de Dios o los dirijo a Dios.

Fue Dios y la convicción de que me ama y me acompaña en la soledad absoluta, lo que me mantuvo viva en el pasado. Y sé que mi depresión es real y peligrosa cuando se manifiesta en mi la convicción de que Dios no existe. Sin la existencia de Dios yo existo en el vacío.

Así es como le llamo a la inexistencia de Dios: “vacío”. Y una vez que el vacío se instala, la presencian de Dios, tan clara en otros momentos, incluso en momentos de total angustia, deja de existir y yo quiero dejar de existir con ella.
Esas ideas, en el pasado, me han aterrorizado, porque sé muy bien el camino que señalan: ¡Y quiero vivir! Pero… cuando transito estos parajes de la existencia, la vida no parece alcanzarme.

Empecé a escribir sobre Dios, a Dios, precisamente para darle sentido al vacío, para encontrar luz en la obscuridad y para no sentirme tan sola. Pero escribir en la soledad de un cuaderno dejó de tener sentido también. Verán, necesito a otros. Amaba la presencia de Dios y necesitaba compartirla. No creo que la existencia sea real hasta que tienes la fortuna de compartir tu existencia con otros. Y se convierte aún más significativa cuando hay una respuesta. Y mi existencia era Dios. Así que, para mí, empezar a escribir y compartir mis textos fue valioso, importante, incluso necesario.

Ese conjunto de “oraciones” ayudaban a que mi existencia tuviera una dirección, un sentido. Y de algún modo, el vacío dejaba de ser vacío.

Pero en últimas fechas mis oraciones no han sido suficiente. El vacío no se va y yo termino por cerrar la Biblia y borrar todo lo escrito.

Bien, pues he decidido que por ahora ya no voy a pelearme con el vacío. Mejor, voy a existir en él. Soy en el vacío, y el vacío es en mí. En palabras simples: estoy deprimida y estoy bien.

Parece contradictorio, pero ya no lo es. Ya puedo estar aquí, aunque no parezca tener sentido. Por hoy, existir es suficiente. Después de todo, Dios aseguró a Moisés en el Éxodo: Yo soy “yo soy”, o como lo expresan otras traducciones: “yo soy el que soy”. Así que, por ahora, tomaré las palabras de Dios y las haré mías: yo soy la que soy. Es decir: existo, y eso es suficiente.

Quiero, además, compartir mi existencia. Y ese deseo de compartir es, creo, amor. Así que soy capaz de amar.

El amor que he brindado ha sido recibido en algunas ocasiones y ha sido rechazado en otras. Pero la recepción o el rechazo de mi cariño no definen mi capacidad de amar ni mi posibilidad de ser amada. Es cierto que, a veces, las personas que más he amado son las primeras personas que me han rechazado, en el peor de los casos, y en el mejor, me han tenido esperando una eternidad para recibir, aunque sea una señal de cariño. Pero su capacidad de “demostrar” amor, no tiene nada que ver con mi capacidad de recibirlo o darlo. Así que, en este vacío de mi existencia y a pesar de él, soy capaz de amar, y aunque no siempre de la manera en que lo necesito, no siempre expresado como yo puedo entenderlo, debo aceptar que he sido amada. Y he tenido que aprender a darme cuenta de que hay quienes me aman y están ahí, incluso cuando yo también he sido incapaz de verlo, recibirlo y aceptarlo. Hay que recordar eso: quien te ama, está ahí. Y hay quienes están aquí. 
  
El vacío no me impide amar ni recibir amor. De hecho, es en él vacío que he descubierto el verdadero valor de amar y ser amada. Bien se dice que los amigos se conocen en las tormentas, no es los días soleados.

Entonces, existo, amo y soy amada. Es decir: estoy deprimida y estoy bien.

¿Y Dios? ¿Quiere eso decir que Dios ha dejado de existir para mí? Oh, bueno, el Éxodo nos dice que Dios asegura: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3, 14). Y el Nuevo Testamento afirma que “Dios es amor” (1 Juan 4, 8). El SER y el AMOR existen, incluso en este vacío que a su vez ES y me ayudado a descubrir mi capacidad de AMAR y ser AMADA.

Así que, por ahora, dejémoslo en eso. Insisto: estoy deprimida y estoy bien.

martes, 16 de julio de 2019

Háblame





Háblame

Permite que la brisa de un susurro
llegue a mis sentidos,
que el escalofrío de tu voz
sacuda mis entrañas
y que el aliento de tu ánimo
toque mi rostro.

Háblame.
Porque el silencio es soledad
y la soledad es insoportable.
Porque hay tanto ruido en mi alma
que necesito una voz
capaz de guiarme hacia la quietud.
Porque todos necesitamos
escuchar un “te amo tal y como eres”,
y yo –a pesar de ser tan única y distinta–
soy como todos.

Así que háblame.
Detente a escuchar, no los gritos del enojo
–debería decir la autodefensa
hacia la indiferencia y la crueldad,
pero aún eres incapaz de reconocer tu parte
y asumir, así, tu poder.
Escucha…insisto, no el grito
sino la desesperación por existir.

Háblame.
Porque la existencia se confirma
en la interacción de la palabra.
Porque es a través de la palabra
que creamos el mundo
y damos sentido al ser.
Y yo necesito darle sentido a este mundo
tan incapaz de escuchar
y tan indispuesto a responder,
como tú.

Por favor, háblame.

domingo, 14 de julio de 2019

La depresión tiene salida


He aquí la transcripción de lo dicho en el video:


Hola. Soy Amida, y junto con mi amiga Cecilia, hemos iniciado un grupo de apoyo a personas con problemas emocionales y/o trastornos mentales.


La verdad, no nos gusta mucho el término trastorno mental porque tiene un peso muy negativo. Pero, es el término correcto y si hemos de sobrevivirlo necesitamos empezar por llamar las cosas por su nombre y enfrentar la verdad que el término nos brinda.

Son muchos y muy variados los trastornos mentales, pero tienen algo en común: la mente, que por otro lado forma parte de un todo mucho más complejo y total que se llama biología, y que además está inmerso en algo aún más caótico y complicado llamado sociedad. De modo que enfrentar cualquier trastorno mental nos lleva inevitablemente a enfrentar quiénes somos como seres vivos, humanos y sociedad. Y eso es emocionante, enriquecedor y una oportunidad para la trascendencia.

Supongo que nadie te había dicho que tener un trastorno mental podría resultar emocionante. Definitivamente yo NO te lo habría dicho hace algunos meses… Pero lo es. Me tomó tiempo descubrirlo y si me das la oportunidad, intentaré decirte por qué.

Hoy quiero hablarte de la depresión y para ello utilizaré la imagen que el físico teórico y astrofísico, Stephen Hawking utilizó en el 2018, durante una conferencia en el Royal Institute, en Londres.

Durante esta charla Hawking habló de los agujeros negros y los comparó con la depresión. Como sabemos, Stephen Hawking sufrió de esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que lo dejó gradualmente paralizado. Sufrió, además, profundos momentos de depresión.

Y sin duda habrá quien diga que su discapacidad justifica sus momentos depresivos. Mucha gente piensa eso, que la depresión forzosamente tiene una razón de ser, por lo tanto, si alguien no tiene una enfermedad o sufre una tragedia, no tiene razones para deprimirse. Pero eso es porque solemos confundir la depresión con tristeza o duelo, pero no es eso… Sí bien un evento trágico puede desencadenar un episodio depresivo, la depresión tiene su propia fuerza.  

Precisamente por eso, Stephen Hawking comparó la depresión con un agujero negro. Verás, es imposible escapar a un agujero negro, como es también imposible simplemente “superar” una depresión. A los agujeros negros se les dice “negros” precisamente porque su fuerza gravitacional es tan grande que incluso la luz –símbolo de esperanza- no puede escapar, y es, digamos, tragada por ellos. Así sucede con la depresión. No es tristeza, no es terquedad, no es capricho, no es flojera, y no es insistir en tener una mentalidad negativa. La depresión es, efectivamente, un agujero negro, y tiene una fuerza gravitacional imposible de escapar.

De modo que quede claro: No toda enfermedad viene con depresión, pero toda depresión es semejante a una enfermedad, y no se debe tomar a la ligera. La depresión se combate, tal y como combatirías una diabetes o un cáncer. No es precisamente una enfermedad, es un trastorno porque algo, o muchas cosas, no están en el lugar más conveniente y sano: emociones, pensamientos, neurotransmisores, hábitos, alimentación, relaciones, sentimientos de valía, necesidades físicas, sociales y espirituales, en fin. Si cada cabeza es un mundo, cada experiencia depresiva es un mundo que descubrir y que salvar. Y no sé ustedes, pero yo creo que vale la pena salvar un mundo.

Si sufres depresión, recuerda, antes que anda, que eres todo un mundo por descubrir y que vales la pena salvarte. 

Volviendo a la analogía de los agujeros negros, el hecho de que la luz sea tragada por ellos los hace completamente invisibles. Ahora, vale la pena recordar que la luz no ha desaparecido, simplemente ha entrado en el hoyo y es invisible a la vista.

Bien, pues a pesar de que los agujeros negros son invisibles, en abril de este año, 2019, un grupo internacional de astrónomos lograron captar por primera vez la imagen de uno. No lo hicieron directamente, eso es imposible. Lo que hicieron fue captar la luz en lo que llaman el “Event Horizon”, que significa el “horizonte de sucesos”. Estos, “sucesos” son el momento en que la luz es “tragada” por el agujero negro, es decir, el momento en que desaparece a la vista.

Lo hicieron, además, con ocho telescopios distribuidos alrededor del mundo. Eso permitió recolectar datos que después se tradujeron en esta hermosa imagen.

En el mundo de la psicología, neurología y psiquiatría, también ha habido la posibilidad de identificar el, digamos, “horizonte de sucesos” de lo que contribuye a entrar en depresión, y eso también ayuda a comprender lo que se puede hacer para salir de ella.

Se hace observando y analizando lo que se alcanza a ver: actitudes, pensamientos, acciones, hábitos, neurotransmisores, medicamentos, técnicas de terapia, motivaciones, relaciones e interacciones humanas, en fin, un sinnúmero de datos que nos dan luz, no tanto de lo que hay dentro del hoyo de la depresión –que siempre será una experiencia muy personal y subjetiva- sino lo que lo rodea y alimenta.

Bien, pues si hemos de aceptar que la depresión, y todo trastorno mental, es como un agujero negro, entonces debemos comprender que no se trata de superarlo sólo con “voluntad” ni es un asunto de “actitud”. La esperanza, es que existe la posibilidad de atravesarlo, es decir, aprender a vivir esta realidad y salir de ella transformado.

Stephen Hawking lo explicó así:

"Los agujeros negros no son tan negros como los pintan. No son prisiones eternas como alguna vez se pensó. Las cosas pueden salirse de un agujero negro desde ambos lados y posiblemente hacia otro universo. Entonces, si te sientes en un agujero negro, no te rindas: hay una salida.”

Salir implica esfuerzo, lucha, dedicación, cambio de hábitos, trabajo, sudor, hacer lo posible por educarnos, informarnos, buscar estrategias propias conociendo las que otros han empleado –porque no todas te van a funcionar, pero debes conocerlas e intentarlo. Recuerda, eres un mundo que descubrir y tendrás que recolectar datos que te ayuden a identificar tu muy particular “horizonte de sucesos” para aprender a darte cuenta de qué necesitas modificar y hacerlo de la manera que te funcione a ti. No hay fórmulas ni recetas, pero no es imposible.

La única condición es aceptar el reto de descubrir todo lo que esa obscuridad puede enseñarte sobre ti, tu mente, la humanidad, y la sociedad.

Esta palabra: Aceptar, es clave. Ayuda mucho ser aceptado por otros, sin duda, pero la realidad es que la gran mayoría de las personas no pueden y, más doloroso aún, no quieren acompañarte. La mayoría simplemente no lo entienden y para muchos lo tuyo es terquedad. Pero, si has sido llamado a la aventura de atravesar por un agujero negro, lo mejor que puedes hacer es aceptarlo y dejar de esperar de otros lo que tendrás que encontrar la manera de darte tú.  

A mí me ha ayudado mucho comprender que no hay historia de un héroe que no incluya un llamado –generalmente, inaceptable al principio, pero que, al aceptarlo, se inicia un camino de transformación.   

Bruce Banner, también conocido como el lado humano de Hulk, vive constantemente en su conflicto de convertirse en un monstruo sin control, pero la evolución del personaje lo lleva a enfrentar el hecho de que “quizá Hulk no sea la enfermedad, sino la cura”. Es decir, aceptar quién es e integrar los dos lados de su personalidad. Y así surge el Profesor Hulk: fuerte e inteligente, y mucho más alegre que sus contrapartes.

Batman, otro héroe de nuestro colectivo inconsciente, comprende que huir de la obscuridad de la cueva llena de murciélagos no lo lleva a superar su pérdida. Al contrario, se introduce voluntariamente en esa obscuridad y la trasforma en una guarida que le permite enfrentar el mundo y sus maldades.

¿Necesitas ejemplos más humanos? Jesús, suplicó no ser crucificado. “Aparta de mí esta copa”, dijo. Pero Dios, la vida, el SER, no funciona así. Lo único que quedaba era aceptarlo: “hágase tu voluntad, no la mía. En tus manos encomiendo mi espíritu.” Se cree que Jesús, al morir, bajó a los infiernos y abrió la posibilidad del perdón para todos. Tres días después resucitó y cuarenta días después subió a los cielos, que es otra manera de decir que es posible trascender la tragedia de la muerte y la desesperanza, y se logra atravesando el umbral de la no violencia y permitiendo que tu tragedia se convierta en esperanza para otros. Eso es lo que los creyentes llamamos “cargar tu cruz y seguir a Cristo”.

Podrías decirme que para ti estos héroes son sólo historias, pero toda historia –real o no- y toda simbología, habla de verdades de nuestro ser y en este caso la verdad es que hay esperanza en la obscuridad.

Veamos héroes más cercanos a nuestra realidad histórica: Nelson Mandela pasó 27 años en una prisión. Un agujero negro no puede ser más real que una celda, pero la obscuridad y la soledad de una celda también puede darnos el tiempo y la disciplina de enfrentar la injusticia desde el conocimiento de quiénes somos y lo que necesitamos desarrollar para salir a ofrecerlo a otros. Gandhi y Martin Luther King, Jr., aceptaron la realidad de su incapacidad de defenderse físicamente de la injusticia, y se sometieron a la desobediencia civil y la resistencia pacífica. Esa valentía no sólo los cambió a ellos, sino al mundo.

Ahora, nadie puede hacerlo por ti. Es verdad que habrá quien pueda acompañarte, ayudarte y apoyarte, pero en la profundidad del agujero la única persona que cabe eres tú. Así que acéptalo: quien está en el hoyo eres tú, y quien tiene que salir eres tú.

Pero, tenlo por seguro, eso no quiere decir que estás solo. En lo personal he descubierto que al luchar yo por salir de la depresión he tenido que recurrir a la lucha de otros, he tenido que confesar mis debilidades y enfrentarlas, he tenido que aceptar mis defectos y encontrar una manera de mejorar, y eso ha implicado pedir ayuda, buscar apoyo, reconocer mis necesidades y cubrirlas, atreverme a ser vulnerable, leer, estudiar, analizar, cambiar. No aceptar que me traten mal cuando definitivamente no lo merezco. Ha sido un camino de ensayo y error, ensayo y error. Y lo he tenido que hacer yo, pero lo he podido hacer gracias a que ha habido otros que lo han hecho también.

Creo que es precisamente este reconocimiento lo que llevó a Stephen Hawking a querer mostrarnos la posibilidad de una salida. Me atrevo incluso a decir que la lucha de cada ser humano es precisamente la luz que en algún momento alcanzamos a ver al final del túnel de la depresión. Estamos inmersos en la obscuridad, pero alcanzamos a ver la proyección de la luz que la lucha de otros genera al salir del hoyo.

Así que deja de pensar que tu lucha y esfuerzo nadie lo valora. Yo lo valoro. Muchos de nosotros lo comprendemos y valoramos. Y si eres capaz de aprender de la lucha y el esfuerzo de otros, llegará el momento en que tú también serás un aliento de vida para alguien más. Quizá incluso ya lo seas.

Así que, tal vez la gente que amas o la sociedad en la que vives no pueda ni quiera ayudarte, pero eso no significa que no existen cosas que puedes hacer ni que no existan personas dispuestas a apoyarte. Pero, será necesario bajar la rodilla y someterte a la disciplina de encontrar tu mejor manera de atravesar por este agujero. Y como dijo Stephen Hawking, muy probablemente te lleve a otro universo. Uno más pleno y en el que estarás mejor capacitado para enfrentar y ayudar a otros a enfrentar, los retos que la vida tiene.

Mil bendiciones. El grupo de apoyo Fénix te desea un trayecto lleno de posibilidades. Y queremos que sepas que, aunque el trayecto es tuyo y lo tendrás que enfrentar tú, desde nuestra propia obscuridad caminamos a tu lado.

Dios de te ama y te bendice y nosotros también.


Agradecemos a los fotógrafos de Unplash, y a la página de Flaticon. Sus imágenes gratuitas formaron parte de este video. 




sábado, 16 de marzo de 2019

Yo soy creyente



Imagen del video "Believer" de Imagine Dragons
“El rey me preguntó: ¿Por qué estás triste? […]
“Después de un instante de temor, le dije al rey: «¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo no voy a estar triste, si la ciudad donde están las tumbas de mis antepasados está en ruinas, y sus puertas quemadas por el fuego?»
“El rey entonces me respondió: «¿Qué quieres?»
“Supliqué al Dios del Cielo y le dije al rey: «Si es que el rey quiere y si es que tu servidor cuenta con tu favor, envíame a Judá, a la ciudad donde están las tumbas de mis antepasados, para reconstruirla».” Ne 2, 2-5

Envíame. Esta es una solicitud que todos deberíamos hacer. No por el bien de los demás. Eso es el beneficio secundario -y al decir secundario no estoy diciendo “menos relevante”. Sino por el bien propio. Me explico:

En inglés la palabra que se refiere a “yo” es “I” (se pronuncia “ay”). Esta “I” es una letra i pero en mayúscula. Nunca se escribe en minúscula, sino en mayúscula. Aun así, hay alumnos que insisten en creer que pueden hacer lo que quieran con las mayúsculas y las minúsculas, y la escriben con i. ¿Qué importancia tiene que la escriba con una u otra letra, sigue siendo “yo”/”ay”? ¿No?

Más allá del hecho de que tanto en inglés como en español las mayúsculas y minúsculas no son decoraciones y tienen una función que, si queremos comunicarnos adecuadamente, debemos aprender a usar y respetar, la importancia de escribir correctamente esa “ay” es, efectivamente, mayúscula. Y yo suelo explicárselos así (pero en inglés, claro):

¿Quién es la persona de la que depende todo en tu vida? Estamos hablando de la persona sin la que cual nada existiría para ti y nada podrías hacer sin ella. Esa persona a través de la cual “ves el mundo y lo experimentas”.

La respuesta que busco y fomento es obviamente “yo”. Si tú no existieras, les digo, todo esto podría estar aquí pero no significaría nada para ti, porque no existes. De modo que la persona más “IMPORTANTE” -y lo escribo con mayúsculas para que quede claro es: “I” (ay), es decir, yo. Y para que nunca se nos olvide su importancia la escribimos con mayúscula: I. No se trata de cualquier i sino de I. “I am Important” / Yo soy Importante.

Bien, pues ya es urgente que todos los “I” del mundo levanten la voz y le “supliquen al Dios de cielo” que nos dé el valor de asumir la responsabilidad mayúscula que tenemos entre manos hoy. Necesitamos cambiar hoy. Necesitamos despertar hoy. Necesitamos modificar nuestros actos hoy. Necesitamos mejorar algo, aunque sea algo pequeño en nosotros mismos y en nuestra vida, y hacerlo hoy.

Jordan Peterson, psicólogo clínico, nos reta: “Si cambias algo pequeño y te disciplinas hoy, ¿dónde crees que estarás y quién serás en 10 años?” Y no es que debamos ser egoístas, es que, si seguimos pensando que nuestro bienestar depende de alguien más, nada va a cambiar. Por ejemplo, solía creer que una mujer no puede ser sacerdote, y les aseguro que si hoy alguien dice que es “profeta” y escucha la voz de Dios, lo mandan a un hospital psiquiátrico. Y, sin embargo, hay tanta gente que hoy nos hablan a gritos de sus necesidades emocionales, psicológicas y sociales, pero como son “negativos” y no logran comunicarse como queremos que lo hagan, o no son lo que creemos “tienen” que ser, no los escuchamos.

Pero les aseguro también, yo soy sacerdote, profeta y apóstol, -como muchas de las personas que hoy no forman parte de una comunidad religiosa. Y no soy, lo somos, porque exista una iglesia que me asuma como tal siendo la mujer que soy. (Son muy pocas las iglesias que permiten que una mujer ocupe una posición relevante en la jerarquía.) Lo soy porque soy hija de Dios y como tal, nadie puede decir que no puedo serlo. Y no necesito una iglesia que lo confirme. Tengo voz y la uso para hablar de las verdades que vivo y veo, eso me hace profeta. Y sigo a Cristo, busco su voz en mi interior y leo su palabra en actitud analítica, con toda la humildad que puedo y buscando siempre las señales de los tiempos para que mi interpretación y posible error no sea por ignorancia y por la comodidad de reducirlo todo al blanco y negro de la hoja y las palabras. La superficie lo reduce todo a fórmulas, reglas y leyes incompetentes con la realidad.  

Reconocerte y asumirte como un ser humano con una importancia mayúscula es esencial. Yo sé lo que es sentir, creer, y más aún, escuchar a otros decirte que “todo es mejor sin ti”, que nada gira alrededor tuyo y que tus necesidades son secundarias ante las necesidades de los demás.

Pero te lo digo con el corazón en la mano: Si el demonio es especialista en mentiras que parecen verdades, esa es la mentira más grande y más usada en la religión, política, en las relaciones humanas enfermas, llenas de manipulaciones y culpas, y en la falsa creencia de que el “mundo es un tren en movimiento que no te puede esperar”. Así que lo mejor que puedes hacer es sacudirte tus necesidades y subirte al tren para que te “sacrifiques” como buen samaritano, cristiano, humano que eres, por los demás. Y si no puedes hacer eso, entonces no cabes, no sirves, no puedes pertenecer.  

No. Cualquier propuesta que busca “sacrificarte” no es propuesta ni noble, ni cristiana, ni humana. Tú eres importante, y en la medida en que asumas esa importancia y te des cuenta del enorme valor agregado que tu existencia le brinda a este mundo, no sólo vas a valorarte más y mejor, sino que vas a empezar a reconocer ese mismo valor en los demás.

Asumir tus penas y dolores y hacer algo para cambiarlos, necesariamente te llevará a querer cambiar el mundo. Pero te enfrentarás a una realidad inquebrantable: el mundo, tu mundo, depende de ti. Así que harás lo que tienes que hacer: cambiarás tú. Y poco a poco, fomentarás, impulsarás, ayudarás, motivarás a que otros cambien, a que el mundo cambie.

Lamentablemente, ese poco a poco, es ya cada vez menos cierto. Necesitamos abrir los ojos hoy y dejar de engañarnos y creernos mentiras que sólo nos hunden en la desesperanza y en el verdadero egoísmo de que el mundo sea lo que “queremos” que sea y no lo que “necesita” ser para TODOS.

Creer que con un suicidio cada 40 segundos en el mundo (según datos de la Organización Mundial de Salud), la propuesta del sacrificio personal es el camino, es seguir escuchando la endemoniada mentira de que las necesidades personales no son importantes. Los individuos tienen relevancia. Las comunidades, iglesias, gobiernos, escuelas, empresas y todo grupo social que no toma en cuenta las necesidades de los individuos y está dispuesto a sacrificar a uno por el “bien” de los demás, no han comprendido que el sacrificio “personal” sólo es válido ante la respuesta “personal” de sacrificarme “yo”, como solíamos decir de niños: “por mí y por todos mis compañeros”. Si, en cambio, decido sacrificar a otro, por mi bien y el de los demás… Vaya, no habrá agua que pueda lavarte las manos por muy buenas intenciones que tengas.

Jesús se sacrificó él mismo, no sacrificó a otros. Esa es la diferencia entre un líder minúsculo (i) y un líder mayúsculo (I). No es casual que Yavé signifique “Yo soy”. Y al ser nombre personal y oración completa al mismo tiempo, ese “yo” se escribe con mayúscula: I am / Yo soy.

¿Pero cómo vamos a lograr “ser” si no somos capaces de reconocer nuestras necesidades? Después de todo, mis necesidades humanas son las necesidades humanas de los demás. Si toco mi propio dolor y cubro mis verdaderas necesidades y no “lo que el mundo me dice que necesito”, buscaré tocar y cubrir las necesidades de los demás. Es inevitable. No puedo tener empatía sin tocar mi dolor, mi necesidad, mis deficiencias, mis debilidades, mis penas, mis ineptitudes, mi posibilidad de cambio, mi toma de consciencia. Yo soy importante, y el mundo depende de mí.

Les dejo una canción que escuché con mis alumnos. “Play Believer from Imagine Dragons, teacher”, me pidieron. (Ponga la cancion de Believer del grupo Imagine Dragons.) Y se las puse y la conocí y me encantó. “Believer” significa creyente. Mi hija también la escucha y ahora la escuchamos juntas. Es una linda manera de orar en el auto: Cantar.

Dice tantas cosas ciertas. Habla de la verdad que todas esas personas enfocadas y empeñadas en únicamente ver lo “positivo y bonito de la vida”, se pierden: “Mi suerte, mi amor, mi Dios, vienen del dolor.” Habla de la fe que es fe, y no sólo buenas intenciones y aparente bondad.

El vídeo es de Youtube y tiene la letra en inglés y español. Ojalá la disfruten tanto como yo disfruto ver a mi hija y alumnos cantarla a coro. Y ojalá se decidan a abrazar el dolor y transformar su vida. Les dejo también el video oficial, que me encantó porque tiene escenas de box, y efectivamente: la vida es lucha, una lucha primero con uno mismo. Y aunque hay momentos en que queremos detenernos, no podemos. Debemos seguir. Es nuestra obligación seguir. 

draJesp. (2017, Feb. 11). Believer Imagine Dragons Lyrics Letra Español English Sub. Youtube. Tomado de: https://www.youtube.com/watch?v=G5LaSwYp6ok



ImagineDragons. (2017, Mar. 7). Imagine Dragons – Believer. Youtube. Tomado de: https://www.youtube.com/watch?v=7wtfhZwyrcc

Gracias Dios mío por darnos tu nombre como oración y sentido: Yo soy. Gracias, gracias, gracias. Mil millones de veces gracias. Te amo.