viernes, 19 de octubre de 2012

Rescátame tú


Pero la mujer se acercó a Jesús y, puesta de rodillas, 
le decía: “Señor, ayúdame”. Jesús le dijo:  
“No se debe echar a los perros el pan de los hijos”. 
Mateo 15, 25s
Rescátame tú…

Regrésame mis ojos para verme
tan digna como tú me haces sentir.
Regrésame mis labios para oírte
pronunciar tu verbo con mi voz.
Regrésame mi alma,
ladrón de ilusiones,
cruel verdad dicha a mil voces;
absurdo intento de tenerte.

Rescátame tú…

Te exijo que me mires de una vez,
y dejes ya de darme tú la espalda…
Acaso no ves que sigo siendo tuya
aun cuando he dejado de vivir en la razón,
aun sin alma,
aun así soy hija de tu mundo,
soy niña de tus ojos,
soy corazón perdido entre las piedras
del juicio sin sentido.

Un juicio que también has generado tú,
Y alimentas con tus contradicciones…
Con tus “te quiero” pero “no cerca”.

Rescátame tú…

Que hay mucho maná sobre la mesa,
Y hay también migajas que a los perros eres capaz de dar.
En cambio a mí,
a mí que me tienes a tu lado
no puedes ni mirarme
sin sentir el repudio que también
has aprendido de quienes,
como tú,
son hombres.

Rescátame…
Que al rescatarme también te salvas tú…
Porque es por mí por quién hoy pisas esta tierra.
No por los que son como tú…
Que ya son salvos…
Que ya son hombres...

Anda, atrévete a ser todo eso que tú eres…
Y rescátame…

¡Rescátame tú!


martes, 9 de octubre de 2012

Tú no has caído del cielo

Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone
Sobre el alero del Templo, y le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo
porque está escrito: A sus ángeles de encomendará y en sus manoste llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.”Mateo 4, 5s
Al punto: a veces la vida se siente como pura “chingada”. No, por favor no cierres tus ojos ni tapes tus oídos. A las cosas se les dan el nombre que tienen, y el verbo chingar existe, por desgracia.
No hace falta definirlo mucho, ya lo hizo bastante bien Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad. Quedémonos con el resumen: “En suma, chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta.”
Y claro, ante una chingadera siempre hay una víctima: la chingada.
Lo chingado (o la chingada, da igual), describe Paz: “es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior”.
En palabras más simples: Nadie quiere ser chingado pues implica el fracaso más grande, el dominio total. Chingar es “herir, rasgar, violar –cuerpos, almas, objetos-, destruir”, nos dice Paz. De modo que si has de chingar o ser chingado, pues se antoja más lo primero que lo segundo. ¿No?
Claro que eso nunca se dice. No abiertamente, al menos. Pero esa vocecita interna que todos llevamos dentro –y que tiene como fin preservar, no nuestra (femenina) humanidad, sino nuestro preciado (y masculino) ego –ésa sí que lo dice.
Y a veces le creemos, y pensamos, “yo puedo con esto y más”. No pedimos ayuda ni guía ni nada. ¿Para qué? ¡Somos unos chingones! ¡Ja, faltaba más! Y todo va muy bien hasta que caemos –porque todo lo que sube tiene que bajar. Entonces sí que sentimos todo el rigor de las alturas que hemos visitado. Y la vida, que antes era divina y se antojaba plena, deja de ser bendición.
Y hay también aquellos que parecen haber nacido para ser chingados una y otra vez. Los eternos “buena gente” a quienes la vida parece lanzarles una chingadera tras otra. ¿Pues no que muy hijos de Dios? ¿Pues no que Dios te cuidará siempre y te dará lo que mereces? Y tú, que eres bueno, ¿por qué mereces entonces tanto sufrir? La víctima, aparentemente pasiva, aprovechará entonces toda pequeña ocasión para ejercer el pequeño poder que tenga en cuanto ámbito pueda. Y será bueno, sí, para “chingar quedito”. Porque no te engañes: no existen las víctimas cien por ciento pasivas. Toda víctima aprende también a ser victimario. Y así, todos participamos en este juego de chingar o ser chingados. Así vivimos, y así definimos nuestras relaciones.
Sí, a veces la vida se siente como pura “chingada”.
La vida, que es en realidad un Templo hecho para vivirse sin miedo, para caminar por ella con confianza y alegría, con disposición a dar el siguiente paso. Un paso más cerca a la libertad de espíritu, un paso más cerca a la comprensión de que somos Hijos de Dios, que es decir valiosos, significativos, humanos, abiertos, dispuestos a entregarnos y a arriesgar el alma sin perder el piso.
Pero demasiadas veces esa vocecita interna nos coloca por encima de todo lo que somos, nos eleva, nos lleva al alero del templo, a la situación extrema de creer que dar el siguiente paso nos hará ser unos chingones, y confundimos nuestra valía humana (verdadera fortaleza inquebrantable de Hijo de Dios), con la grandeza de ser más que otros, más que todos, más que las circunstancias, más que la vida misma.
Cuando Jesús escuchó esa vocecita interna, no cayó en la tentación de creerse ni más ni menos que eso que él era en ese momento: el Señor que tiene dominio sobre sus voces internas, sobre sus ideas, sobre lo que se dice a sí mismo; el humano que saber discernir entre lo que le hace bien a su alma y lo que le hace mal a su ser.
Y lo único que hizo, y que haríamos bien en hacer todos, es dominar su pensar y decirle: “no tentarás al Señor tu Dios”. En otras palabras: “guarda silencio, que aquí quién decide lo que me digo, Soy yo, y Yo Soy mucho más que mi ego”.
No hace falta chingar ni ser chingado. La vida no es un arriesgado alero, no es un extremo, no es una competencia ni un vértigo. Bájate del alero, de tu nube y pisa tierra. Da el siguiente paso. Hazlo con confianza, porque así sea un error o un acierto, no perderás valor ante los ojos de Dios. De modo que no hay nada que probar. No necesitas demostrarle a nadie, ni siquiera demostrarte a ti mismo, que eres un hijo valioso de esta vida. Ya tienes valor. Así de fácil.
La invitación está dada: vive la vida, que por mucho que a veces se sienta como pura chingada, ese sentir no es más que un espejismo. El vacío que está frente a ti se llama futuro. Y llevas en ti las voces correctas (ángeles) que te harán caminar y evitarán que tus tropiezos y fracasos se conviertan en heridas mortales. Tú no has caído del cielo. Eres sólo un hombre que hace su mejor y más grande esfuerzo, y en la medida en que lo creas y lo valores, lograrás más, porque dejarás ya de tener miedo.













domingo, 23 de septiembre de 2012

Hazme volver a Ti

  Señor…
           …hazme volver a Ti.
Hazme desear la vida
que me ofreces.
Dame tu gozo para que pueda yo gozarme en Ti.
Dame tu rostro para que pueda yo verme en Ti.
Permíteme volcarme en tu presencia
y no necesitar nada que no seas Tú.
Sé mi escondite,
que no quiero verme en este mundo.
Sé mi libertad,
que no quiero vivir atada a la mirada
de quien no quiere verme
porque no valgo lo que se espera de mí.
Hazme volver a Ti
y ser feliz como la niña que toma la mano de su Padre,
Que sabe, una vez más, que está a salvo.
Como lo estuve al principio.
Como he de estarlo al final.
No me abandones Tú
ni me dejes ser carne viva para lobos.
No me permitas ser yo mi tumba,
que estoy a punto de entregarme viva
a la tentación de creer
que valgo sólo la medida de mis aciertos
         -que son tan pocos Dios mío, son tan pocos-
y no la grandeza de tu bondad.
Hazme volver a Ti.
Decide Tú mi destino
y no me permitas correr a rogar la atención
que nunca tuve, porque nunca fui lo esperado.
Hazme volver a Ti.
Y dame la coraza que requiero
para impedirle penetrar mi alma,
Para creer que valgo todo lo que soy.
Y creer que más allá de todo juicio,
soy luz y vida y amor.
El mismo amor que me llevó a los ojos
que hoy quiero arrancarme
porque por fin la verdad asomó el rostro
y me dijo: te amo en la medidaen que eres todo lo que requiero que tú seas… y me odié al oírlo,
porque no soy lo que se requiere que yo sea.
Y me odié al verlo.
Y me odié al sentirlo.
Y me odié al saberlo.
Al saber que me odio con la misma fuerza
con que te amo a Ti.
Así que Dios mío,
hazme volver a Ti,
que el odio que hoy conozco me hace libre,
pues es verdad que al surgir
me hace consciente de lo lejos que estoy de tu presencia
… y a su vez… me lleva a buscarte…
porque te coloca como único bien frente a mi vida.
Como mi única y última esperanza.
Hazme volver a Ti
y transforma esta verdad en la debilidad
que pueda ser mi fuerza,
en la sabiduría que pueda ser mi guía,
en la paciencia que pueda ser mi arma,
y en la fe que llegue a ser mis alas.
Señor…
           … te lo ruego
                        …hazme volver a Ti.

jueves, 30 de agosto de 2012

Convicción

Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir,concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos prometespara que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda encontrarnuestro corazón la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo…Oración colecta del 21º Domingo Ordinario, 26 de agosto, 2012

La dicha, la plenitud, es vivir con un corazón enamorado de tu mente y una mente entregada a tu 
corazón. A eso se le llama comunión: enamorarnos de la Palabra para entregarnos en cuerpo y alma, que es decir con todo nuestro corazón, a la dicha de vivirla. Necesitamos ayuda, por supuesto, por eso colocamos nuestra fe en un pedacito de pan acompañado de un traguito de vino, para que con nuestros ojos humanos podamos integrar a nuestra convicción etérea la posibilidad de recibir la fuerza que nos llevará a transformarnos.
Comunión: Vivir lo que se dice, decir lo que se es, ser lo que se vive. Nada más bello. Nada más difícil.
Difícil para aquellos que somos terriblemente humanos. Aquellos que crecimos convencidos de que el arquitecto de nuestra vida no es otro que nuestra voluntad, tan solo para descubrir con el pasar de los años que la vida, si bien tiene los planos que le dimos, hizo según su antojo. Y a ella se le antojó que en vez de esta o aquella solución, nos enfrentemos a tal o cual problema. Y así, nos coloca con demasiada frecuencia en situación de decir una cosa, desear otra, creer una más y ser todo lo contrario.
Terrible condición humana cuyo mal empieza a decaer cuando logramos sincerarnos con nosotros mismos, y nos atrevernos a aceptarlo frente a otro. A eso se le llama confesión: aceptar que no hay dicha ni plenitud en nuestra vida porque hemos querido dictarle lo que debe escribir en lugar de aceptar que lo que ella ofrece es la oportunidad de vernos tal cual somos y aceptarnos primero así: con machas, defectos e incongruencias. De aceptarnos y amarnos justo así: limitados, débiles, injustos. Y que con todo eso que somos, que no es mucho, quizá sea nada, empecemos a caminar con la certeza de que bien valemos la pena el esfuerzo de cambiar.
A eso se le llama convicción: saber que valgo la pena.
Y una mente convencida de que vale la pena transformarse, encontrará la forma de sentirlo y llegará a encontrar la fuerza de lograrlo. Mandato y promesa serán entonces una, pues el amor que te tienes te ordenará amarte, y con el amor vendrá la entrega, y con la entrega la acción.
De modo que si has de pedir, pide querer por encima de todo lo que sientes, de forma que llegues a sentir todo eso que quieres. Pide y pide y pide que lo que Dios Es se manifieste en tu Vida, para que sea Ella quien te de todo lo que tú necesitas para impulsarte al cambio que te llevará a ser Comunión, Congruencia, Palabra Viva.
Ah, y no esperes milagros. Los cambios que quieren ser eternidad, necesitan transformar la raíz, no el follaje. Busca mejor la paz que el saberte valioso y amado trae consigo, y practica la ciencia de aprender a observarte cada día para verte en acción y en acción darte cuenta, confesarte después, ante todo contigo, ya más tarde pronunciar las palabras con que te miras y convertirlas en las acciones que te acerquen a ser lo que buscas y a buscar lo que eres como hijo de Dios.






jueves, 23 de agosto de 2012

A veces parece que Dios no existe

A veces parece que Dios no existe. Se siente como un sueño que otros sueñan y que no puedes soñar con ellos porque para soñar hay que cerrar los ojos y dejar de tocar el suelo. Para soñar, hay que dejarnos llevar por el espejismo de la insensatez que nada quiere llamar por su nombre, y que se esfuerza por “santificarlo” todo, y así, se empeña en convertir a la virtud, la gracia y la belleza en todo un "aprieto", porque no hay manera de calzar semejante grandeza en tan pequeño ser. 

¿Qué digo? Lo que digo es que a Dios no lo vas a encontrar en lo perfecto. Quizá ahí encuentres lo sublime, lo inalcanzable, lo absoluto. Atributos divinos, sin duda, pero no son Dios. Dios es más simple. Y quiso que lo supiéramos. Quiso que comprendiéramos que no hay necesidad de buscarlo en la perfección. Por eso Dios se hizo hombre, para que dejemos de buscarlo en lo sublime y empecemos a encontrarlo en la humanidad que llevamos incrustada en la biología de nuestra alma. 

Dios es humano. Es el más humano de todos los humanos, porque Dios es humanidad hecha carne, y sensatez hecha vida. Dios es humano porque no negó su humanidad. Y si algo trascendió en ese Hombre que es Dios, fue precisamente que no buscó la perfección y vivió en cambio al “ser humano” que habitaba. Y al vivir a ese ser con los ojos abiertos y los pies sobre la tierra, surgió la consciencia que inevitablemente otorga la capacidad de amar con compasión, que es decir con total comprensión de lo difícil y complejo que es ese “ser humano”. 

Y con la compasión nace el perdón. Y es de eso de lo que se trata: de perdonarme y perdonarte. De comprender que nada puedo hacer para alcanzar tu alma, como nada has podido hacer para alcanzar la mía. Con todo y que nos hemos esforzado tanto en ser perfectos el uno para el otro. Con todo y eso, no hay forma de salvar estar distancia. Lo que hay es la posibilidad de transcenderla, de estar contigo a partir de la humanidad que compartimos, de la imperfección que somos. Y al perdonarnos con los ojos abiertos y los pies sobre la tierra, sin negar nada de lo que soy ni nada de lo que eres, entonces surge Dios entre nosotros y nos une en un lazo de amor y comprensión que es tan simple que se antoja imposible, pero existe. Existe como sé que existe Dios.


jueves, 9 de agosto de 2012

Perdonar setenta veces siete


Perdonarte a ti, mundo negado que me niega;
padre y madre imposible que sólo otorga creer
en épocas, modas, tendencias –todas suicidas;
paradigmas para descansar en paz
el cuerpo y la consciencia.
Perdonarte a ti, mundo inhumano,
santo y divino, de bienes comunes
y sentidos dormidos,
de letargos resignados a no re-asignar
verdades y atrevernos a poner
acentos, puntos y comas donde van,
a fuerza de mejor no pensar bien dónde van:
¿En el cuerpo que habitamos?
¿En el alma que vivimos?
¿En la vida que deseamos?
Perdonarte a ti, alma asustada,
por elegir formar parte de este mundo.
Lo sé bien: no conoces nada más,
ni hay quien se atreva a caminar contigo.
O quizá sí…
Siempre y cuando no te vean tal cual eres.
Siempre y cuando tú no seas lo que eres.
Siempre y cuando no camines
y te quedes justo ahí:
donde es justo y necesario… justo ahí.
Perdonarte a ti, Espíritu libre,
que me inquietas y susurras,
y me quieres llevar a Tu presencia
sin tomar nada en cuenta,
porque nada cuenta que no seas Tú.
¿Y eso cómo lo explico?, te pregunto,
y me miras con extraño.
Y me ignoras como ignoras
el absurdo de explicarte.
Lo que hay, es lo que hay.
Lo que es, es lo que es.
Perdonarte a ti, alma mía,
por amarme al extremo
de aceptarme sin reservas
y saber que no sé nada
más allá de este amor
sin nombre ni camino
ni hogar ni vida ni esperanza.
Te perdono por amar de todas formas
y buscar de todos modos.
Perdonarte a ti, vida mía,
que no sabes vivir sin mi mirada
como no sé vivir yo sin la tuya.
Que me llevas hoy a cuestas
como cruz de olvido
que mañana volverás a pensar,
a extrañar y a desear;
porque sabes que es ley
no matar, y no puedes por eso
acabar con mi vida,
lo que implica que tampoco has de vivir
con lo que es tuyo
ni me dejarás vivir con lo que es mío.
Te perdono… vete en paz a seguir…
vete en paz…




lunes, 30 de julio de 2012

Soy

Soy amor en vida. Espíritu libre.
Dulzura animada por la emoción de una entrega.
La dicha y la paz de un sacrificio valiente,
bañado de lucha, vestido de esfuerzo.
Soy comprensión…
              …¿mmm? …y pregunta.
Soy una tierna y profunda alegría humana,
que por ser humana, a veces llora
porque le da por creer que no puede…
pero puede.
Soy verbo: el verbo yo puedo.
El verbo tuya puedo ser.
Soy madre, vientre que da luz y alimento.
Soy maestra, palabras que nacen.
Soy hija, alumna y amiga, la prosa de un texto.
Soy aspiración divina.
Alma caminante.
Ejemplo y corrección que busca disciplina.
Soy trabajo consciente a pesar de ser sombra,
eclipse.
Soy verdad que se asoma a pesar de vivirse
como un sueño en una realidad
que es idea, espejismo y locura.
Realidad que refleja lo que también soy.
Soy matiz.
Arte en color.
Escultura e imagen fracturada
que se recrea al pronunciar
el sonido de letras hechas canto y oración.
Soy música que baila en Tus manos…
              … instrumento de Dios.
Soy árbol que surgió de las aguas.
Soy savia, raíz, tronco y rama.
Hoja en flor.
Soy fruto: el alivio de un espacio
hecho cuerpo, suavidad, tacto y beso.
Soy átomo en explosión.
Soy bendición con agua de mar.
De un bendito mar acariciado por el sol
bajo un cielo de fuego.
Un fuego capaz de transformar
la sal de este campo desértico en nube,
en horizonte que promete lluvia.
Soy lluvia para tu sed.
Soy tiempo cumplido…
              … aún por cumplirse.
Soy altar de rosas,
sacerdote, apóstol y profeta.
Una mano empática.
Aparecida que se niega a marcharse
sin la oportunidad de ser arco y flecha,
capa a vuelo, amada iluminación.
Soy tuya…
              …tuya por siempre, Señor.